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Sin humano apague y vámonos

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Por: Sebastian Acosta

Mi energía cambia de forma, tamaño y color al pensar en las posibilidades de ser alguien, alguien importante para mí. Ahora que tengo la oportunidad de analizar cosas como estas, puedo decir que mi yo técnico está con el teatro y mi yo intuitivo está con la danza. No lo había visto de esa forma. No sé si fue algún ente externo o es mi naturaleza lo que provoca que me de garrotazos cada vez que me equivoco, pero eso no pasa con todo. Hay cosas que me afectan más que otras. Cualquier personaje que deba interpretar podría hacerme sentir esta atadura.

Pienso que todo en exceso es malo. Ahora bien, el arte es tan diverso que se parece a las personas: ninguna es igual a otra. Podemos medir el pH de una obra de arte en la cual, de 0 a 7 el pH es intuición, y de 7 a 14 es técnica. De ahí la variación entre obra y obra, algunas con mayor ph técnico, algunas de ph más intuitivo. Todo dependiendo del artista y de su contexto. Aún así, considero que una obra de arte perfecta podría estar en el número 7, un balance perfecto entre técnica e intuición harían de la obra algo único. El espíritu del artista está buscando siempre. Esa búsqueda empieza desde que el artista es consciente de su relación con el arte. Sin embargo a los novicios como yo, en momentos como estos, nos inquieta demasiado la técnica, tan esencial para el principiante, quien está construyendo sus bases, está formándose como ser a partir del arte. Para algunos es difícil liberarse de toda la técnica que tienen apropiada para ejecutar algún papel. Es bueno que esa técnica esté ahí, intacta y memorizada. El hecho escénico se vuelve interesante cuando la técnica está tan interiorizada, que lo único que queda es sobreponer la intuición para que el espectador de la obra de arte sienta a ese ser que existe y que siente también.

Todos tenemos una lucha por sacar ese yo que está adentro, uno desconocido hasta ahora. El problema es que en algunos momentos hay tantos yo y en algunos otros solo hay uno o dos, que no se llega a entender quién es el yo en realidad. ¿ Cuál de todos mis yo contiene la mayor parte de mi esencia como ser? Considero que es un proceso largo y difícil el de descubrir un yo particular y especial. Sin embargo, está aquí presente la maravilla de la actuación, en la cual los que se desempeñan en el oficio son hojas de papel totalmente blancas, en las que la conversión de actor a personaje empieza a llenar con tinta permanente la hoja de la vida del actor, la llena con la vida del personaje. Cuando su labor termina, la tinta desaparece y el papel se dispone a ser usado de nuevo para encarnar algún otro personaje.

Conócete a ti mismo dice el maestro, ¿Qué pasaría si mejor dejo mi hoja de vida como persona ilegible y sobre esa misma ilegibilidad empiezo a escribir la vida de otros? Sería como escribir sobre un papel en blanco.

La técnica y la intuición conforman la variación. Sin variación no hay arte, sin arte no hay yo. Sin yo no hay ellos, sin ellos no hay relación. Sin relación no hay mundo, sin mundo no hay reflexión. Sin reflexión no hay humano, sin humano apague y vámonos.

 

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