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profesión “puta”

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Lina Maria Quiroz Herrera

4 de enero del 2007. Me encontraba en casa de Laura, estábamos haciendo los trabajos del colegio, eran las tres de la tarde cuando la mamá de Laura llegó corriendo a la habitación a decirme que mi mamá había tenido un accidente y que se encontraba en el hospital. Cuando ella me dijo eso, quedé en estado de shock, mi mente colapsó en el momento en el que  recibí la noticia. Cuando reaccioné, salí corriendo al hospital. Pasaron dos días y mi mamá aún no había despertado. Ese día a las 9 de la noche el doctor que la atendía me avisó que había fallecido.

21 de Septiembre del 2009. Desde el fallecimiento de mi madre había estado viviendo en casa de mis tíos. Mi tía al principio se portaba muy bien conmigo, pero a medida que pasaban los años me fue cogiendo fastidio. Y ni hablar de mi tío, ese  asqueroso me tenía cansada. Recuerdo muy bien que tenía diecisiete años cuando tomé la decisión de huir de casa, estaba cansada del maltrato que recibía por parte de mi tía y lo que nunca se va a borrar de mi mente es cómo el desagradable de mi tío aprovechaba  cuando ella salía y con sus grandes manos tapaba mi boca, me subía la camisa, empezaba a darme besos en la espalda, relamía mis senos, me bajaba mis pantalones dejándome desnuda, lentamente acercaba su pene y lo introducía cada vez con más rapidez, respirando cada vez más agitado diciéndome “mamita, cada día se pone más buena”. Dejándome destruida lentamente me vestía sintiéndome asquerosa y utilizada. Decidí empacar mis cosas en un morral, saqué plata de la mesita de noche de mi tía, bajé las escaleras. En la sala se encontraba él, traté de caminar lento y sin hacer ruido pero él me vio y dijo: mi amorcito rico tráigame el almuerzo. Entré a la cocina llena de odio, asco y desesperación. Cogí un chuchillo, me acerque lentamente por detrás de mí tío,  miré su cuello y clavé el cuchillo fuertemente. Lo miré mientras se retorcía dejando el suelo lleno de sangre, escupí en su cara e inmediatamente Salí corriendo con una sonrisa en mi cara.

Al salir de esa casa corría por la calle con una felicidad que hace mucho tiempo no había sentido, me sentía libre después de tanto tiempo, sentía que el sol brillaba más que antes, que el cielo estaba más azul,  mirándome las manos untadas de sangre me las lambia y reía con más fuerza de lo normal.

Tomé un bus y llegué al terminal de transportes de Bogotá, no sabía a dónde ir, no sabía qué hacer, solo había confusión en mi mente. Me senté en una silla reposando mis codos sobre las rodillas, mordía mis uñas, me revolcaba el cabello con mis manos, intenté tranquilizarme cerrando  mis ojos, empecé a respirar lentamente, cuando abrí mis ojos vi a un señor de traje azul oscuro, camisa blanca, zapatos de charol negro y una corbata vino tinto, estaba al frente mío mirándome fijamente y me dijo: ¿le pasa algo señorita, hay algo en lo que le pueda colaborar? A lo cual le respondí: sí señor, necesito encontrar un trabajo y un lugar donde vivir. Él respondió: si me lo permite, yo le podría ayudar con eso. Precisamente estoy buscando una señorita que me colabore atendiendo las mesas en mi negocio y, con respecto a la vivienda, se podría quedar en un pequeño cuarto que está detrás del negocio. Yo accedí y me fui con él ya que por una extraña razón sentí confianza.

Eran más o menos las 6 de la tarde, las nubes empezaban a coger un color grisáceo. Por donde caminábamos las casas estaban deterioradas, algunos de sus vidrios rotos y en vez de cortinas algunas tenían cartones, el suelo de las calles estaba lleno de basura, en cada esquina habían vendedores y el flujo de gente era constante. Cuando llegamos al negocio este estaba iluminado por una luz azul oscura, en sus paredes había algunos espejos, las mesas y las sillas eran de madera, el suelo era de mármol blanco. En la parte trasera central estaba la barra de bebidas y en el centro había un tubo de pole dance. Lentamente fueron saliendo de un cuarto varias chicas con escotes atrevidos que dejaban ver gran parte de sus senos y cola,  fue allí en donde entendí que este no era un negocio cualquiera y que yo no iba a ser una simple mesera.

10 de julio del 2012. Llevaba más de dos años trabajando como prostituta,  ya me había acostado con más de 100 hombres, mi cara y cuerpo estaban más delgados, ya no eran los mismos de antes, yo ya no era la misma de antes.

Ese día me levanté a las 11 de la mañana, me bañé, me vestí, abrí las cortinas, el cielo estaba despejado y el sol brillaba. Abrí la ventana, tome un respiro, prendí un porro, me lo fumé, me peiné, me maquillé, Salí a la calle, llegué al negocio y empecé a trabajar. Eran las 12 a.m. la madrugada estaba oscura, los postes de luz alumbraban las calles con esa lucecita color amarillo, las calles estaban llenas de mujeres con vestidos cortos, de hombres buscando con quien acostarse, y yo caminaba lentamente hacia un puesto de dulces, compré un chicle, un cigarrillo y mi pastilla de la felicidad. Se me acerco un hombre más o menos de 25 años, era alto, acuerpado, tenía un bello rostro, sus ojos eran verdes y vestía un traje negro, le dije: amor qué se te ofrece, el respondió: ¿cuánto me cobras por  dos horas? Yo le dije: 70.000, el asintió con su cabeza, lo cogí de la mano y lo llevé al cuarto, lo empecé a besar, nos recostamos lentamente en la cama y en un momento el paró y dijo: lo siento, pero no puedo hacerlo. La verdad te pagué porque necesito hablar con alguien. Me contó entre lágrimas que había estado en el funeral de su madre el día anterior y que se sentía más solo que nunca. No me salía ninguna palabra ya que me hizo recordar a mi madre, así que reaccioné dándole un fuerte abrazo. Duramos mucho tiempo abrazándonos en medio del llanto cuando de pronto golpea mi jefe a la puerta diciendo: se les acabó el tiempo, él me miro y me dijo: Eres la primera persona que me escucha verdaderamente, gracias. Me dio un beso en la frente y se marchó. Apenas salió de la habitación empecé a llorar como hace tiempo no lo hacía, ya que desde que se murió mi mamá nunca me había sentido tan especial para alguien. Desde ese día siempre quise volverlo a ver, quería hablar con él, quería que me abrazara como lo hizo, pero no volvió. Una semana después, una de mis compañeras me dijo que un hombre me estaba buscando. Cuando salí y lo vi no pude contenerme y lo abracé, el me miró fijamente a los ojos mientras sostenía mi rostro con sus manos y dijo: te he extrañado tanto, quiero que dejes de trabajar en esto y formemos una familia, quiero que seamos felices juntos, mis pupilas se dilataron, mi corazón se aceleró, mis manos empezaron a temblar y a sudar. Le detallé lentamente su rostro y le dije: yo también quiero eso. E inmediatamente lo besé, nos fuimos a su apartamento, nos besamos apasionadamente, empezamos a quitarnos la ropa, nos recostamos en la cama e hicimos el amor. Al día siguiente fui a buscar mis cosas porque me iba a vivir con él, cuando llegué a mi cuarto la puerta estaba abierta. Entré lentamente y vi a mi jefe sentado en la esquina de la cama y le dije: jefe, me asustó ¿Qué está haciendo aquí? El me respondió: ¿con quién estaba? ¿Por qué no fue a trabajar anoche? Le respondí: ya no voy a trabajar más con usted, he encontrado una oportunidad para ser feliz y espero que respete mi decisión. Busqué una maleta en mi closet, la tiré en la cama, empecé a empacar la ropa velozmente. Mi corazón estaba latiendo muy rápido, mi respiración estaba acelerada y mis manos temblaban, no quería mirarlo a la cara, tenía mucho miedo. De pronto el me jaló del brazo y me dijo: ¿así que esa es su decisión? Quiere que  le diga una cosa si usted no es mía no es de nadie, saco una arma de su pantalón, me miró fijamente a los ojos, intenté escaparme pero él tenía más fuerza que yo. Le pegué una patada en la entrepierna, me soltó y Salí corriendo. Cuando estaba llegando a la entrada del negocio me gritó: Camila usted se lo buscó yo le dije que no iba a ser libre nunca. De pronto sonó un fuerte ruido, por mi mente se pasó toda mi vida en un segundo, lentamente quedé tendida en el piso, ese piso frio y blanco que ahora estaba quedando teñido por el color rojo de mi sangre. Por mi cuerpo se me empezó a entrar un frio que jamás había sentido, no sentía nada, mis ojos lentamente se empezaron a cerrar mientras una pequeña lagrima salía de estos.

Ahora todo es tranquilo, por fin me siento en paz y lo mejor de todo es que volví a ver a mi mamá.

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