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¿Por qué escuchar reguetón?

Por: Andrés L. Merchán

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Por: Andrés L. Merchán

Este género que ha sido tan popular, objeto de críticas recurrentes y que parece haber creado una división entre quienes lo escuchan y quienes no, es un género que necesita ser tratado con mayor atención. Así pues, si es fan o no del género o simplemente le da igual, vale la pena ahondar en sus canciones, en sus letras, no quedarse solo en oírlo como sucede por obligación cuando es lo que suena en el supermercado, en el restaurante, en el transporte público, en cualquier parte. Vale la pena escucharlo, entenderlo y hasta disfrutarlo, le diré por qué.

Aunque cabe aclarar que no se extenderá el texto sobre los inicios e historia del género y que para efectos prácticos se entenderá como reguetón (también escrito reggaetón) al género en sí y a la música similar sin diferenciarlo entre reguetón alternativo o el ahora llamado trap. Uno de los ataques más frecuentes al reguetón consiste en afirmar que no es música, o que es música basura cuya estructura ontológica, háblese de ritmo, melodía y armonía, es precaria, simple y repetitiva, que en la mayoría de canciones se repite indefinidamente un «ba dum, ba dum» que va desde sus inicios hasta los últimos hits. Así mismo sobre la composición de sus letras para las que se muestra en general como letras misóginas y se asevera denigran a la mujer mostrándola como objeto sexual. Letras que refuerzan estereotipos y machismo además de promover una cultura materialista. Quizá entonces, criticar el reguetón o más bien juzgarlo, se ha convertido en una práctica popular que siempre está de moda. Es más culto, letrado, inteligente, “superior”, aquel que no escucha este tipo de música, el que prefiere la música clásica, el rock o cualquier otro género. De ahí el gusto culposo de muchos que disfrutan del contoneo de cadera de una hermosa mujer en una noche cualquiera y que de manera involuntaria tararean el estribillo reguetonero de esa canción que está sonando en todas partes. Ahora, el reguetón y su constante mixtura con otros ritmos y otros géneros, vende, y mientras siga produciendo dinero se mantendrá en vigencia, por lo que su fin no parece estar cerca, todo lo contrario.

En primer lugar y en cuanto a lo musical, no puede hablarse de música buena o mala, como lo expresa el músico y compositor venezolano Aquiles Baéz, sino más bien de calidad, y esto es independiente del género, depende del artista y de la canción en particular. No puede decirse que el reguetón, en general, no es música de calidad cuando no se ha escuchado una cantidad significativa de pistas como para tomar una posición radical y más si las que se escuchan son las comerciales del momento. Música de baja calidad existe en el género popular, en el rock y los intentos fallidos de muchas bandas en sus inicios y lo mismo sucede en todos los géneros.

En cuanto a las letras de las canciones, puede afirmarse que el contenido de muchas de estas es de carácter machista, sexual, implícito y explicito, en las que la mujer juega el papel de objeto de placer al servicio del hombre y es violentada de múltiples formas, es cierto, pero, por un lado, no todas las canciones de reguetón tienen ese tipo de contenido y en muchas canciones de otros géneros el contenido también es de ese tipo. La letra de Used to love her de Guns and roses lanzada en 1988 dice: “Yo solía amarla, Pero tuve que matarla. Tuve que ponerla seis pies bajo tierra, y todavía puedo oírla quejarse”; Los Beatles en 1967 cantarían Gettin better cuya letra en español dice: “Solía ser cruel con mi mujer, la golpeaba y la alejaba de las cosas que amaba”; Para la historia de la salsa, Ismael Miranda en 1972 escribiría Las mujeres son, que dice: “Mujer, tú naciste para servirle al hombre en todo lo que quiera, naciste pa’ laborar… Tiene que lavar las medias, toda la ropa interior, y tiene que cocinarle”; El argentino Cacho Castañeda lanzaría en el 2003 Si te agarro con otro te mato: “Si te agarro con otro te mato te doy una paliza y después me escapo”. Las letras que hablan de lo sexual no solo pertenecen al reguetón, Nek, el mismo del éxito Laura no está en la canción como te mueves canta: “Sabes cómo te debes mover y me dan vértigo esas piernas, que no enseñan todo lo que quiero ver”; La canción Tu muñeca de Armando Palomas dice: “Me podrás comer… como prefieras, Me podrás asaltar por detrás… cuando tú quieras. Soy tu nena, tu mujerzuela”; Ven a pervertirme de Malu dice: “Prometo ser sumisa y obediente abandonarme entre tus manos. Ven a pervertirme con tus trucos de muchacho golfo y descarado”; La canción Love on the Beat de Serge Gainsbourg traducida al español dice: “quiero, con mi lengua, adivinar tus pensamientos, pero tú ya, ya te tambaleas, a los flujos y reflujos de mareas, mientras más grites más profundo iré”; Las canciones de Akon, I want fuck you, I just had sex, she wants sex, sexy sexy, son letras que hablan directamente sobre sexo. Esto por nombrar solo unos ejemplos, el machismo, el sexo y la mujer como objeto de placer no son propios del reguetón, y sin mencionar las canciones en las que se alude al sexo de formas metafóricas o el machismo en las canciones infantiles, con lo que el tema se extendería bastante.

Ahora, imagine un concierto de reguetón, un cantante tatuado en la tarima, todos en el público, emocionados mueven su cuerpo en sincronía con la música, cada uno en su particularidad se mueve como quiere, aunque hay una norma, un pensamiento colectivo de cómo deben ser los movimientos, y que según el lugar varía,  existe un baile determinado para este tipo de música, un ritual de cuerpos al ritmo de los beats de la canción, con un volumen elevado resonando a través de cada uno de los participantes, por lo que todos se mueven igual, o por lo menos de forma similar. Entonces, ¿Cómo es ese baile, como son esos movimientos?

A continuación, imagine un concierto de rock, un cantante tatuado en la tarima, todos en el público, emocionados mueven su cuerpo en sincronía con la música, cada uno en su particularidad se mueve como quiere, aunque hay una norma, un pensamiento colectivo de cómo deben ser los movimientos, y que según el lugar varía,  existe un baile determinado para este tipo de música, un ritual de cuerpos al ritmo de los beats de la canción, con un volumen elevado resonando a través de cada uno de los participantes, por lo que todos se mueven igual, o por lo menos de forma similar. Entonces, ¿Cómo es ese baile, como son esos movimientos?

Sí, los dos párrafos eran iguales, pero ahora tenemos dos imágenes, la de un grupo de gente moviéndose al ritmo del reguetón y otro grupo moviéndose al ritmo del rock. ¿Por qué rock? Generalmente quienes son fanáticos del rock, son quienes están en contra del reguetón, como si escuchar uno fuese sinónimo de odiar el otro.  Para los primeros, los que bailan reguetón, sin duda el baile es sexual, los movimientos pélvicos de hombres y mujeres casi teniendo sexo con ropa, incitados también por la letra, el baile conocido como perreo hace que la relación con quien o quienes se baila sea en una proxemia intima, hace que se eroticen en un vaivén de genitales y otros puntos erógenos, los cuerpos se tocan, se acarician, se excitan, es una danza sensual, casi una orgía.

Volviendo al otro grupo, al que se mueve al ritmo del rock, allí el baile es más violento, más agresivo, hombres y mujeres lanzando puños y patadas al aire frenéticamente, golpeándose unos a otros, liberando su rabia, desquitándose con el otro o golpeando por que sí, aunque el pogo, como se le llama a este baile busca más el empujón al otro para integrarlo en una misma energía colectiva de disfrute de la canción que golpes agresivos, si hay violencia y si hay agresión, al finalizar muchos resultan golpeados, con hematomas, contusiones, sangre y en ocasiones llevando a los participantes al conflicto y a peleas físicas más serias, una lucha espartana en medio de los sonidos de las guitarras y el ritmo de la batería.

Por consiguiente ¿es más sana una sociedad que se entrega al sexo, o una que se entrega a la violencia?

Hablando nuevamente de reguetón y sexo, éste promueve una cultura, de cierto modo, más abierta, en la que tanto hombres como mujeres hablan de sexo, sin tabúes, sin prejuicios. Si una persona quiere decirle de forma explícita a otra que quiere tener sexo, quiere decírselo de la forma más sucia y sexual posible con mil metáforas fálicas en relación con la penetración, y la otra persona acepta el lenguaje, ¿quién puede juzgar? ¿Cómo puede censurarse la expresión de quienes disfrutan del género?

Llegando a este punto querido lector, se habrá dado cuenta que todo lo anterior, está construido en su mayoría a partir de meras falacias, de ideas subjetivas sin un análisis profundo, y de que se podría continuar con párrafos y párrafos cargados de argumentos en defensa del famoso género urbano nombrado hasta el cansancio en este texto: el reguetón. Calma, esto no quiere decir que contradiga la premisa que sugiere el título, y es que hay que escuchar reguetón. Entendiendo que escuchar no es lo mismo que oír, para oír una canción de reguetón basta con tener una audición saludable, se puede ir por la calle y oír el éxito de reguetón actual sonando en un establecimiento. Escuchar, sin embargo, es analizar y comprender lo que se oye, saber que dice la letra ya sea sexual o no, comprender lo que pasa entorno a la canción, reflexionar más allá de gustos.

El reguetón por un lado es música de consumo rápido, comida chatarra auditiva, desechable, gusta, aunque no haga bien; de vigencia corta, poca trascendencia y poca relevancia; sin aporte intelectual, crítico o social. Es un producto que se queda generalmente en lo comercial, ha pasado de la expresión cultural urbana de las calles a solo una forma de hacer dinero y como tal se explota y se seguirá explotando. Pero esto no es un fenómeno propio de este tipo de música, lo mismo ha sucedido con otros géneros en otras épocas, sucede en el cine, en la televisión, en el periódico, somos bombardeados constantemente con productos de entretenimiento vacíos, claro está, que no es solo con fines comerciales, siempre hay poderes que necesitan mantener al pueblo entretenido, distraído, drogado con contenidos que impidan el pensamiento crítico y reflexivo.

De otro modo, no se trata de censurar la música, de censurar el reguetón, por lo menos no por cuestión de gustos, pero el hecho de dar cabida a la libre expresión no significa, actuar como si nada ocurriera cuando se pasa por encima de los derechos y el bienestar de los demás, con agravamiento, cuando se hace de manera intencionada con fines económicos y/o de bienestar propio. Un pedófilo puede ir por la calle mostrando sus genitales a cuanto infante se le atraviese justificándose en su libertad de pensamiento y culto, pero su comportamiento no puede pasar por alto a favor de la libre expresión y en contra de la censura. De modo que escuchar reguetón es un requisito para una sociedad crítica, la música es un reflejo de la sociedad, y el reguetón habla por sí sólo de la situación sociocultural actual de Latinoamérica, no puede ignorarse por que sí, porque no es un género de su agrado, porque escucha rock u otros géneros y el reguetón lo deja para el perreo en la pista de baile, hay que escucharlo para saber que oyen los niños que se entretienen con él, reflexionar sobre la práctica común de usar esta música en las fiestas infantiles, comprender lo que oyen y bailan nuestros hijos, pensar en los objetivos más allá de los comerciales de los empresarios, los productores, y los gobiernos.

Cuál es el fin tras un género que promueve el uso de artículos de lujo y marcas específicas, carros, joyería, y cualquier cantidad de productos de alto costo, bebidas, lentes de sol, relojes, etc. Qué hay detrás de promover la promiscuidad, los estereotipos de belleza y comportamiento femenino, de promover una cultura machista, en la que el hombre es el poseedor de las riquezas y lujos mientras la mujer es un objeto más del que apropiarse y del cual jactarse. Y es que los contenidos lascivos para una sociedad o un individuo, los contenidos persuasores y manipuladores como sucede en la publicidad, han existido desde mucho antes y seguirán estando, no se trata de la música, y lo que “enseña” sino del tipo de persona que es cada uno, cuál es su formación, su educación, desde lo académico, lo familiar y lo personal, que tanto se deja permear por los contenidos y cuáles son sus capacidades critico-reflexivas para tener una posición frente a una género musical u otro, el reguetón entonces requiere atención, ser analizado, ser, escuchado.

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