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MIS TIEMPOS DE ANSIA

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El tiempo es una de las pocas cosas importantes que nos quedan”

Salvador Dalí

Por: CRISTIAN MARTINEZ

 

0:00 ¿?

Otro día más en este país.

Otro día más en esta ciudad.

Otro día más de mi vida.

4:30 am.

Cada día que me levanto es muy similar. Algunas veces la alarma de mi celular no suena, problemas que dificultan mi mañana. Entro a ducharme enseguida de levantarme, jabón, cepillo de dientes y de vez en cuando shampoo. De 5 a 10 minutos es el tiempo habitual, salgo, llego al cuarto, elijó la ropa que me pondré y si es necesario la plancho. Soy muy meticuloso a la hora de arreglarme, si no me siento cómodo con lo que escogí la debo de cambiar. Muy pocas veces desayuno, un jugo y una torta. Mi padre compro varias cajas que contienen 6 jugos únicamente para mi desayuno, torta, galletas y varias otras opciones que me sirven de alimento matutino.

5:00 am.

Debo de caminar casi 3 cuadras para llegar a la parada del bus, vehículo que en su medida es bastante retrasado. Todas las mañanas debo de esperarlo. La espera es interminable, la cantidad de autos hacen imposible observar la llegada del bus que me lleva a la estación, las luces me ciegan, me obligan a ocultar mis ojos de tan brillante resplandor. Se acerca tan esperado momento, la llegada del vehículo, muchas veces repleto hasta mas no poder y muy pocas veces vacío.

Ya estando en el alimentador, ¿a veces me pregunto si será mi rutina por los próximos 5 años de mi vida?, principalmente por el lugar en el que me encuentro y la cantidad de veces que lo he hecho.

Las personas son hostiles, unos con pocas ganas de estar ahí, a veces algunos muy acelerados, gimiendo de impotencia por la lentitud en la que va el vehículo. – “Presiento que llegaré tarde”, es lo que la mayoría de veces pasa por mi cabeza, los segundos corren, en mi percepción cada semáforo en el que cae el alimentador es eterno, dura horas, mientras tanto las personas rugientes de desesperación por la desgracia del trancón; un trancón que cada mañana se forma gracias a la magnífica movilidad de Bogotá.

La penúltima parada del bus es la más tortuosa, es la más cercana a el portal del Dorado, cada vez que llega ahí, se detiene por algunos segundos que muchas veces se tornan minutos, las personas desesperadas gritan al conductor “muévase”, “apúrele”, “hágale señor”, comprendo que es la labor del conductor, pero en muchas ocasiones me siento indignado ya que se toman más del tiempo debido.

Última parada ansiosos de la abertura de las puertas y listos para salir, nos miramos unos a otros para dar a entender que saldremos, muchas veces miradas de competencia por quien será el primero, tiempo, es lo único que no queda en mi cabeza, no hay miradas ni siquiera para ver quien está en frente de uno, me incluyo en muchas ocasiones entre la multitud, lo único que me importa en ese momento es llegar a tiempo, algo que por mi cabeza gira y gira hasta sentir que es lo único que importa, mas allá de la persona que está delante de mí.

5:30 am.

El mismo proceso anterior.

De pie, anhelante de ver. la molesta y mínima visión que dificulta saber cuál es el tiempo que va a demorar mi bus, a veces una espera incesante, una espera que se torna en sufrimiento. Veo el reloj, 5:30 de la mañana, confiado de que el bus llegue. Solo me toma 30 minutos del portal a la universidad, solo si no se demora, pasa el tren o si la cantidad de pasajeros es mínima, ya que eso en muchos factores afecta el tiempo en el recorrido del bus.

 

 

5:35 am.

De nuevo en un bus lleno.

desafortunadamente quede en un sitio incómodo, mis ojos con una visión reducida se pasean por el tablero de paradas del bus, con mucha dificultad trato de observar la hora, no diferencio los números 3, 6, 8 y 9, desde la distancia me parecen los mismos, me es imposible tomar mi teléfono en esa multitud.

Percibo en mi pierna una rodilla, en mi espalda un codo, en mi nuca una respiración muy acelerada, los dedos de las manos me sudan, expectante del reloj y con inmensas ansias de salir. Pasan los minutos, olvido el tiempo, mi cabeza empieza a pensar, se olvida de la hora, se olvida por tiempo indefinido de llegar. Se abren las puertas, mi mente vuelve a pensar en él.

5:45 am.

El tiempo me agobia, soy un mártir de su presencia, es mi verdugo.

6:00 am.

Próximo a Jiménez, impaciente de que abran las puertas, me precipito hacia ellas, nadie ejerce presión contra mí, pero la siento en mi pecho, no es más que angustia del tiempo.

Llego a la universidad, temeroso y corriendo despavorido, el tiempo….

12:00 pm.

Dos horas de descanso, parecen unos simples minutos.

Te vistes.

Vas al baño.

Almuerzas.

Piensas.

Existes…

2:00 pm.

De vuelta a clases, unas más largas que otras, unas mejores que otras. Aquellas que disfrutamos y no quisiéramos salir, otras que no fascinan, pero si incomodan nuestra tranquilidad y paciencia.

6:00pm.

Anhelada hora de salida, un pequeño respiro de libertad. Hasta que mi mente recuerda, “no tengo tiempo aun”, necesito llegar al otro lado.

De camino hacia Quimera, nuevamente con prisas, desesperado e insistente, mi preocupación se hace mucho más grande, debo de colarme en la estación, esa adrenalina que siento en el momento mezclada con la preocupación de llegar a tiempo, todo se vuelve fatal, si llego tarde debo de pagar multa, ¿Dinero?, es el castigo que debemos de tomar.

Acertadamente y sin sospecha entre a la estación, de nuevo empieza el sufrimiento de la espera, todo se hace mucho más rápido, de nuevo los minutos pasan volando, el bus no llega, la desesperación me invade, empiezo a sudar y gemir de impaciencia, mi cuerpo se tensa y empieza a temblar… sufrimiento, miedo.

7:00 pm.

Aún sigo en el bus desesperado a punto de llorar, abren las puertas del bus, salgo despavorido hacia el teatro, las calles se tornan muy largas, el teatro se hace lejano, el teléfono en la mano, cada segundo vale, cada paso es tiempo que pierdo.

7:15 pm.

Llegada tarde, golpeo la puerta con la mayor fuerza posible, espero, cada segundo esperando es una tortura, me deja en la expectativa de la palabra, no quiero ser regañado, no quiero ser castigado.

Afortunadamente no sucede mayor cosa que un simple, “TARDE”

 

9:30 pm.

Salida del teatro, la tranquilidad del día empieza a llenar mi respiración, un pequeño descanso, una charla tranquila diversa al teatro y la sesión del día.

Subimos hacia la estación del bus, igualmente nos colamos todos, esperamos, un poco más tranquilos, esperamos el trayecto que recorre el bus y que nos lleva a nuestros destinos, más tranquilos, espero salir de la estación, más tranquilo.

Llueve el suelo se torna brillante, la luz de los faros que se encienden en la noche para alumbrar, el agua es visible a mi falta de visión, de nuevo otra espera, la espera del bus que me lleve a mi casa, un articulado alterno al principal.

Llueve el suelo se cubre de un manto de agua, la luz de los faros es difuminada por la cantidad tan exorbitante que cae del cielo, el agua se torna difusa, las gotas caen fuerte, mi espera se empieza a volver desesperante, tengo mojados los zapatos, las medias, los pies.

10:15 pm.

Llega el bus, en un acto de suerte consigo un asiento, el tiempo, todo se empieza a desvanecer.

Despierto y estoy a punto de llegar a la parada donde debo de bajar, la misma sensación de histeria al saber que abrirán las puertas, toda persona que se bajara en este lugar se alista con ansias de salir, con ansias de llegar a su hogar.

10:20 pm.

Caminando por las calles, un torrencial aguacero cae sobre mi cabeza, mojado hasta las cejas, respiración acelerada, contando el tiempo para llegar a mi hogar, de nuevo en medio de la lluvia las calles se hacen más largas, mi destino se aleja mucho más, ¿porque el tiempo no avanza más rápido?

 

 

11:00 pm.

Por fin en mi hogar…y contando los minutos para volver a la misma rutina.

Creamos el tiempo y después nos convertimos en sus esclavos.

0:00 ¿?

Otro día más en este país.

Otro día más en esta ciudad.

Otro día más de mi vida.

 

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