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Por: Paola Andrea Romero

“Mientras usted viva bajo este techo…”

– Vaya tráigame 2000 de pan, una bolsa de leche y 5 huevos.
-2000 de pan, una bolsa de leche y 5 huevos, listo mami…

Buenas, me da 2 leches con una bolsa de huevos y un pan.

– ¿Qué trajo usted? No sirve ni pa´ hacer un favor, ¡quite de acá!
¿Que le mandé a traer? ¿Mmm? ¡Pero conteste!
-Pero mami es que …
-¡No me conteste!

Un adolescente no olvida lo que tiene que hacer porque sí. Tampoco se sumerge en el consumo de drogas sin razón alguna. Empieza con la incomprensión de muchos adultos que, en su rol, confunden acompañar y guiar con ordenar y mandar. Tenemos una sociedad fragmentada en la que resulta más fácil actuar por separado: padres autosuficientes y carentes de palabras para sus hijos. A su vez, hijos aislados y ensimismados. Por otro lado, la autoridad asume que el castigo y el rechazo son las herramientas principales para ejercer control, asumiendo que son los amigos y la escuela quienes deben atender las necesidades de los adolescentes. No toleran la idea de ubicar a la familia como eje fundamental de la formación, porque es más fácil dejar la responsabilidad a otros, o aún mejor, tener alguien a quien culpar.

Un adolescente podría tener una madre que esté pendiente de sus necesidades. Pero si esta madre tiene falta de autoridad moral, será la mayor falencia que pueda tener a la hora de formar a su hijo, teniendo en cuenta que éste es uno de los ejes fundamentales para la construcción de valores de todo individuo. Ella no puede exigir de su hijo buen comportamiento, buenos hábitos, buenas palabras, si no las aplica. Para la muestra un botón: el padre alcohólico que le dice a sus hijos que no vayan a caer en las drogas, porque eso no les dará un futuro estable; o la madre ama de casa, quien cursó hasta quinto de primaria y le dice a su hijo que el estudio es lo más importante en la vida, que debe estudiar para conseguir luego un buen trabajo.

Todas estas situaciones suman, y es por eso que los adolescentes terminan muchas veces involucrados en drogas, delincuencia, indisciplina, entre otros. No es la falta de “juete”, sino el mal ejemplo que sus padres les dan. Quisiera además resaltar que los jóvenes eligen formas alternativas de sorprenderse, divertirse, hacer asociaciones y tomar decisiones impulsivas y emocionales, porque sus padres, no pueden tener una preocupación diferente a suplir las necesidades básicas de alimentación, vivienda y educación, cuando el objetivo de una familia y el rol de los padres, es formar jóvenes libres, independientes, con poder y responsabilidad en sus decisiones. No repitamos los patrones que ya no funcionan. Para que frases como: “Mientras usted viva bajo este techo…” terminen en: “Mientras usted viva bajo este techo, haremos lo posible para que sea libre y feliz”

 

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