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El asbesto tóxico cubriendo nuestras casas

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Por: Ellen Herrera. Ellensofiaherrera@hotmail.com

El asbesto o amianto es el nombre que se le da a un grupo de minerales de silicatos fibrosos naturales, un silicato cálcico magnésico, un componente del fibrocemento, sus minerales se presentan en forma de fibras microscópicas resistentes, largas y flexibles como para entrelazarse y que soportan altas temperaturas. En otras palabras es una roca que se extrae del suelo, por lo que su obtención se logra en las minas de este mineral.

Existen dos tipos de asbesto, los serpentinos y los anfíbol. El amosita, el actinolita, el tremolita, el crocidolita y el antofilita, que hacen parte de los anfíbol, y el crisolito o asbesto blanco que es el único miembro de los serpentinos y es explotado principalmente en Rusia, Brasil y Kasajastán. Colombia reabrió una mina de asbesto en el año 2012 en el norte de Antioquia, en el municipio de Campamento.

Se utiliza en muchos productos manufacturados y resulta muy rentable para las empresas gracias a su bajo costo y a sus propiedades (termoresistentes, aislantes, químicas y mecánicas).

Estar en cercanía de este material casi no implica riesgo para la salud, pero cuando el contacto es prolongado y el material se manipula de tal forma que las fibras pasen al aire quedando en suspensión y sean fácilmente respirables la situación cambia, pues representa un alto riesgo para el sistema respiratorio. Considerando a nuestro país podemos señalar principalmente el caso de las demoliciones y trabajos como el corte, taladro, rotura de asbesto o cuando el material está muy viejo.

Se encuentra principalmente en las tejas que techan las casas (recientemente el gobierno nacional impulsó un programa, liderado por Germán Vargas Lleras –cuyo hermano Enrique Vargas Lleras fue miembro de la junta directiva de Eternit- para entregar cien mil viviendas gratis, gran parte de las cuales están techadas en asbesto cemento), en los tanques de agua y en las tuberías que la transportan, en baldosas y azulejos, como aislante en las refinerías de petróleo (caso Reficar), hospitales y viviendas, en productos de cemento y también en algunas partes de la industria automotriz, tales como el embrague, los frenos o los componentes de la tranmisión. También se utiliza para los trajes de bomberos y pilotos por su resistencia al calor. Hay presencia del asbesto en otras industrias, pero para el caso colombiano no aplica, pues no tenemos industria ferroviaria, naval, de centrales nucleares, etc.

Según la Organización Mundial de la Salud “Todos los tipos de amianto causan cáncer de pulmón, mesotelioma, cáncer de larige y de ovario, y asbestois (fibrosis de los pulmones)”.

“La exposición al amianto se produce a través de la inhalación de fibras que se encuentran en el aire del lugar de trabajo, el aire cercano a puntos de producción, como fábricas que trabajan con amianto, o el aire del interior de viviendas y edificios que contiene partículas fraccionadas de amianto”.

“Actualmente, unos 125 millones de personas de todo el mundo están expuestas al amianto en su lugar de trabajo”.

“En 2004, el cáncer de pulmón relacionado con el amianto, el mesotelioma y la asbestosis causados por exposiciones laborales dieron lugar a 107 000 muertes y 1 523 000 de años de vida ajustados por discapacidad (DALY)”.

“Además, miles de muertes pueden atribuirse a otras enfermedades relacionadas con el amianto, como así también a exposiciones a este material que no están relacionadas con el lugar de trabajo”.

En el mundo el Instituto Internacional del Crisotilo, creado y financiado principalmente por Rusia (el principal exportador de crisotilo), ha sido el encargado de liderar, con falsos argumentos científicos, la teoría del uso seguro del asbesto, para contrarrestar la creciente ola prohibicionista que ha logrado en la actualidad que más de 60 países hayan prohibido su uso. Ninguna organización internacional de salud ni órgano científico alguno respalda la posición de la industria del crisotilo ni su supuesto “uso seguro”.

Colombia consume aproximadamente 24.000 toneladas por año de asbesto, es decir, 0.49 kg per cápita con especial concentración en estratos bajos.
En Colombia la agenda institucional que permite el uso de este mineral ha sido dictada desde el escritorio de Ascolfibras, asociación que defiende los intereses de las principales empresas productoras de elementos que contienen crisotilo (Eternit, Incolbestos, Toptec, Manufacturados de cemento, etc.). Según el ministerio de trabajo hay 33 empresas de las que dependen seis mil trabajadores que utilizan en sus procesos el amianto, y la ya mencionada mina en Campamento; no parece mucho, pero el poder económico de empresas con grandes intereses en los ramos de la contrucción y la infraestructura, se ha hecho sentir en los intentos fallidos por parte de algunos legisladores para lograr la prohibición del asbesto en Colombia. Jorge Hernán Estrada, quien dirige Ascolfibras, hace parte desde hace unos años de la junta directiva del Instituto Internacional del Crisotilo, es decir, el poder del lobby de este sector trasciende nuestras fronteras y ha demostrado su capacidad hundiendo en cuatro ocasiones proyectos de ley que intentaban prohibir el asbesto.

Que el lobby es fuerte se evidencia constatando la filiación política de los opositores a estos proyectos de ley, casi todos los partidos presentan fichas anti prohibicionistas, de donde se deduce que no existe una posición de bancada sino algunos legisladores “charlados” para su negativa. Como en todo, hay una excepción, el Centro Democrático que sigue taxativamente los lineamientos de su lider, el senador Álvaro Uribe, sí se opone en su totalidad a la prohibición del asbesto. Aparenta una preocupación por quienes trabajan con el asbesto, al no querer generarles traumatismos laborales. Si hubiese una preocupación real no se pondría un interés económico por encima de su salud. También Acude Uribe a una leguleyada típica de los políticos que buscan encubrir sus verdaderas intenciones, cita el artículo 131 de la ley novena de 1979 que faculta al gobierno para prohibir el uso, transporte o almacenamiento de sustancias peligrosas, para desprenderse de la obligación legislativa y “tirarle la pelota” al gobierno. En otras palabras, para qué prohibimos los que el gobierno ya está facultado para prohibir. Es una falacia que intente aludir el hecho de que el asbesto merece un tratamiento específico e individual, a fin de superar el “debate científico” que ha torpedeado su prohibición.

Paradójicamente una senadora que se vende como defensora de las víctimas, Sofía Gaviria, ha sido también un gran obstáculo contra estos proyectos de ley. Disfraza su postura aduciendo que se deben defender los puestos de trabajo de la industria y a la industria misma por su importancia
en la economía del país.

Nebulosas jurídicas, económicas o pseudocientíficas se han convertido en la argumentación interesada de los sectores pro-asbestistas. El drama y la inmensa tragedia que representa para muchas familias colombianas, en un país donde se reportan 320 muertes por mesioteloma, no es tenido en cuenta por esta clase política que siempre privilegia, y lo seguirá haciendo, sus mezquinos intereses.

Teniendo en cuenta lo mencionado, y teniendo en cuenta lo que las encuestas electorales nos dicen, el futuro inmediato que nos espera en este tema no es para nada halagador. Si el candidato presidencial Iván Duque gana las elecciones, lo más probable es que conserve la línea que Álvaro Uribe le ha indicado, y entonces tendremos asbesto para muchos años más. Aunque se sabe desde 1920 que el asbesto es nocivo y ha sido prohibido en muchos países, en Colombia aun no lo está. Como en todos los otros casos, para esta gente las víctimas son lo último a considerar.

Existen diversos materiales sustitutivos del asbesto, entre ellos podemos encontrar fibras minerales artificiales, materiales sintéticos: fibras orgánicas sintéticas, de carbón y fibras de acero, y fibras orgánicas naturales. Es decir, que las funciones que cumple el asbesto son fácilmente reemplazables. Por ello es evidente que no es indispensable y no hay razón alguna para rechazar un proyecto que salvará vidas.

 

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