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LA CAJA DE PANDORA LA TIENE ZEUS EN CIUDAD BOLÍVAR

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La problemática ambiental en Ciudad Bolívar

Por: Ivan Rene C

Parece que a Zeus se le ocurrió la idea de traerse desde lo más lejos del olimpo a lo más alejado de Bogotá D.C, la Caja de Pandora y la colocó en una localidad de Ciudad Bolívar en medio de todos sus barrios aledaños. Se bajó hasta un lugar en medio de Mochuelo bajo y Mochuelo alto y ahí la dejó: una ficha de rompecabezas que como tiene repuesto se bota con mayor facilidad inconsciente, hay está cerrada a la espera de un tonto y a la vista de todos los que sepan de mitología griega.

Pero llegaron los tontos que uno menos se imaginaba: el Distrito junto con unos entes de la alcaldía de Bogotá D.C arriaron justo en donde Zeus dejó la caja y a pesar de que está ya decía peligro por todas partes, los señores con sus títulos y menciones la abrieron desatando así todos los males de la humanidad por la zona en donde quedaban los barrios Chuniza, Monte blanco, la aurora, Mochuelo alto, Mochuelo bajo y todos los barrios que se encuentran en la periferia de la localidad de Ciudad Bolívar. Y yo que creía en el dios cristiano, pues será menos dioses y más autoestima.

Esperen un momento:

¿De cuál caja de Pandora estamos hablando?

En realidad es el relleno sanitario de Doña Juana por lo que están protestando los habitantes de todos estos barrios afectados por la proliferación de moscas y ratones junto a el estado de emergencia sanitaria que los tiene en graves condiciones de salud, como consecuencia de la existencia de este relleno sanitario (que más tiene cara de botadero) que a la sazón se va a extender su funcionamiento otros cinco años, según dice el alcalde Peñalosa en las últimas reuniones; dándole condiciones insalubres y marginadas a estos (cabe decirlo para que existan oídos que lo escuchen) seres humanos, homo sapiens, creadores de la bombilla y de la poesía que se encuentran sin una solución y sin ninguna salida.

Allá se ven estas personas de carne y hueso: con sus pancartas, sus ponchos, sus sombreros, su aliento, su inconformidad, sus hijos que muchos no fueron a estudiar por hacer parte de una sociedad que desde ya les compete apropiarse, y en pie de lucha bloqueando la entrada del relleno sanitario de Doña Juana para no permitir que ingrese un solo carro de basura más; que lo único que ha hecho es dañar a ésta humilde y trabajadora comunidad que podrían ser el vecino que tenemos al lado diciendo buenos días, o nuestro propio hermano entregándonos un abrazo.

Tienen a la comunidad de ciudad bolívar desayunando el café con las moscas en la madrugada y cenando arepa de maíz por la noche con las ratas, y no precisamente estoy hablando de las ratas del congreso, pues esas deben estar durmiendo. A pesar de que ya se había derrumbado el 27 de septiembre de 1997 obstruyendo el curso del río Tunjuelito; y luego ocurrió otro derrumbe más en octubre del 2015. Hechos que por más peso que haya tenido para los habitantes de la localidad de ciudad bolívar, no alarmaron al distrito ni con una alerta verde, pues sus narices andan bien livianitas, alejadas del botadero y sus funestos olores.

Pero los habitantes de la localidad Bolívar se levantan con el canto del primer gallo y entre su agenda ya tienen anotado el aguantarse ese olor tan putrefacto como circunstancia que les toca vivir todos los días, como síntoma profesional del clima artificial que les hizo el distrito, teniendo en cuenta que en la constitución política de 1991 se contempla el derecho a un medio ambiente sano, ósea que se está protestando por un derecho que se les está vulnerando.

Y ya se pueden ver esos estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia y los encapuchados organizándose para brindar el apoyo que tanto necesita esta comunidad de Ciudad Bolívar, pero un apoyo bien revolucionario, de esos de las botas y las piedras que dan fuerza a las protestas para apoyar el cierre del relleno sanitario de Doña Juana. Son esos guerreros blindados con el acero inoxidable de su pensamiento que se tomaron la carrera 30 en frente de la universidad nacional de Colombia, y más se demoró en cantarse la primera estrofa del canto “que vivan los estudiantes” de Mercedes Sosa, cuando ya empieza la batalla campal con el SMAD, esos sabuesos del alcalde, también padres, también hijos que por una moneda rasguñan en la herida sangrante de su propia madre, a su propio hermano desde la cuna hasta la tumba, como si acaso todos no botáramos basura; y toda esta dialéctica en la práctica revolucionaria finalmente se convierte en un acuerdo y sus respectivos diálogos como siempre.

Hablar con el alcalde Peñalosa respecto al respeto que se merecen estas personas en el sitio en el que les toca vivir, no como al señor presidente de la República que vive tan comodísimo en su palacio de Nariño.

Para hablar un poco del relleno sanitario de Doña Juana me referiré un poco a su historia que comenzó el 1 de noviembre de 1988 cuando fue fundado por el distrito, luego de una crisis sanitaria que surgió por la acumulación de residuos en la ciudad, ya que habían sido cerrados los antiguos botaderos de Gibraltar cerca de Patio Bonito y el Cortijo.

Cabe dejar en claro que existe una diferencia entre relleno sanitario (que no se tiene muy clara en este país) y un botadero: Que consiste en que mientras en un tiradero o botadero los residuos no se separan y generalmente se queman, el relleno sanitario es un lugar en donde los residuos son “cuidadosamente” separados y se entierran de manera “controlada” y en donde se puede captar el gas como combustible que se genera por la descomposición de la materia orgánica de los residuos , lo que quiere decir que de entrada, ya la hemos cagado.

El relleno sanitario de Doña Juana siguió su vida “útil “recibiendo basuras de toda la capital así como el relleno sanitario de Mondoñedo recibía las de Cundinamarca. Esta olla presión había comenzado sólo con treinta casitas en zona rural de Mochuelo Alto y Bajo. Y hoy son más de 10.000 personas, pues lo que comenzó como un par de fincas y sus campesinos sembrando la tierrita para vivir, se convirtió en un asentamiento urbano con una gran cantidad de personas, todo ello culpa de los intereses políticos y el desplazamiento, lo que generó un aumento a la par tanto de la población de los dos Mochuelos y los barrios cercanos, como el crecimiento de las basuras en el relleno. Desde entonces han sucedido muchas cosas como los dos derrumbes transcurridos en menos de 20 años y de magnitudes desastrosas para la comunidad, hasta que finalmente bajo la resolución 017, el alcalde, enrique Peñalosa, en su primer mandato, legalizó los cuatro barrios que en ese momento  componían el Mochuelo Bajo: Barranquitos, Esmeralda, Lagunitas y Paticos.

En total 23.82 hectáreas, 154 lotes con una población estimada de 8.332 personas con un relleno sanitario a donde a diario llegan 6.500 toneladas de basura que producen 9 millones de personas de Bogotá D.C y siete municipios aledaños.

¿Y para dónde nos vamos?

Dice uno de los nobles campesinos damnificados por la problemática del relleno; ya los niños aprendieron a jugar con las moscas y el Distrito nada que aprende a encontrar soluciones.

Ahora ¿Qué vamos a observar? Candidatos a la presidencia llevando máscaras de gas con formas de muñequitos de Mickey mouse para los niños y todo por conseguir el voto unánime, como siempre bajo cuerdas de los habitantes de Ciudad Bolívar. A veces cabe decir uno que otro discurso bien agresivo con bastantes vidrios para cortarle la escucha a estas personas que miran un agujero y lo tapan con una cartulina negra, y lo único que nos queda es protestar, pues ya es hora que nos limpiemos la basura que nos mandan desde sus baños con tapete y sus cocinas enchapadas al estilo barroco y se las dejemos en los buzones para que vean y huelan que es lo que se siente. Acaso no es dolor levantarse todos los días mirándole lunares al mundo y darse cuenta que son una plaga de moscas que acapara el paisaje convirtiéndolo en contaminación de todas las formas posibles, pero porque no proliferamos de esa misma manera las flores, los parques, la educación en los colegios; pero lo que no sabemos es que podríamos estar adentrándonos en una peste como la que se vivió en la edad media, y me refiero a la peste negra que acabó con un tercio de la población de Europa, pues ya las ratas las tenemos; y como siempre el gobierno esperando a que ocurra algo así como lo que sucedió en Armero, para sí hablar de derechos, igualdad y toda su cháchara de campaña usual.

Acaso es que no son conscientes de que esos residuos se podrían clasificar y darles tratamiento para así reutilizarlos y no seguir acaparando espacio y contaminación innecesarios. Pero claro está, como la maquina con la cual se le daría el tratamiento a las basuras para reutilizar sus residuos no es de la misma marca de los Transmilenio, Peñalosa no va a estar dispuesto a aplicar estas medidas amigables con el planeta, así como que tampoco dará ni un sólo peso.

Estos nobles habitantes ya con treintainueve años de suplicio y el único ente que está ahí para acogerlos en ayuda: la Corporación Autónoma regional (CAR), que está empezando a tomar partido sobre el asunto por medio de sanciones contra el distrito y contra Peñalosa por su falta de soluciones respecto a la problemática que se traduce en ineficiencia de parte de sus respectivos cargos. Nosotros los que no vivimos en esas condiciones, nunca nos llegaremos a imaginar cuan marginal es mirar un amanecer incompleto porque le falta el olor de las flores, ya está putrefacción hace parte de su memoria histórica, éstas son las historias que le van a contar los más ancianos a sus nietos siempre que les hablen de su infancia, siempre el olor será latente como si palpitara desde su propio corazón. A ellos les toca eso, el “acostumbrarse” a oler la basura de todos. Se les olvidó como es el olor de una flor de hierba buena por las tardes, la miel de abejas, un bonito día, ya no tienen el escenario perfecto, porque tienen el mirador pero no poseen los aromas.

  • Somos lo único que le quedamos a estas personas, de gotas es que se hacen los océanos, así que pongámonos de pie, apretar los puños, hacer algo, si tan solo utilizáramos esta problemática como tema de conversación en los pasillos, en los descansos, en el Transmilenio, hay ya se está haciendo algo importante: lo estamos divulgando; ahí radica salir de nuestra egoísta existencia y convertirnos en los personajes que vemos sufrir a diario, no para conseguir actores, sino para generar humanidad. Ya por lo menos tendrán algo de qué hablar con sus familiares cuando estén cenando por la noche. Pues sus palabras llegaran tan lejos como sus oídos les permitan la verdadera escucha; porque si los planetas giran a su propio movimiento de revolución en el espacio, entonces somos seres revolucionarios por naturaleza; el relleno sanitario de Doña Juana todavía te está esperando ¿SERÁ QUE YA ES HORA?

 

 

 

REFERENCIAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Iván Rene Chinchilla Merchán

 

 

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