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Envenenando la vida

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El martes en la noche llegando de trabajar vimos con tristeza como las plantas que crecían sobre nuestro frente: tres uchuvas, un frijol, un maíz, un tabaco, y maleza, todas plantas oriundas de este territorio, es decir que existieron antes que nosotros aquí, fueron envenenadas por la administración del conjunto en donde vivimos.

La primera vez que atentaron contra este espacio de vida fue hace unos cuatro años. A pesar de ir a reuniones donde se acordaban cosas, ellos tomaron la decisión unilateral de venir a cortar, un lulo cargado, un cerezo, curuba, fresa, papa, cubios, maíz, alverja, un hermoso papayuelo y aromáticas como yerbabuena y caléndula que se dan también en otros espacios de este conjunto. Ellos dicen: “No están permitidas las huertas”.

He tratado de explicarles que esto no es una huerta, es un espacio de aprendizaje y que si quieren lo llamamos jardín. Ellos dicen que el jardín tiene otras plantas. Yo les digo que quién es la autoridad en el caso, que lo quisiera discutir. Me dicen que es el sentido común, digo yo: ¿No es parte del sentido común enseñar que la vida viene de la tierra? Estas plantas permitirán hacer un guiso cada año, pero sí pueden educar favorablemente a sus hijos para toda la vida, a todos nuestros hijos en el camino de encontrar la vida más allá del dinero, de comprar en el supermercado, de ser parte de la vacía sociedad de consumo. Identificar nuestra especie humana más allá de lo que dice la televisión o los medios ¿Por qué la diferencia no es parte del sentido común? ¿Por qué no se pueden sembrar plantas diferentes? y ¿Por qué cuando no soportamos el argumento vamos con la violencia?

Esa es parte de la sociedad que tenemos en Colombia infortunadamente. Ellos creen tener el modelo exacto para la vida de los demás. Pero no tienen el modelo de vida para ellos, tienen la capacidad de juzgar siempre al otro, por su cara de odio los reconocereís (ya que de nuevo están usando la palabra de dios para condenar a seres humanos que buscan la igualdad) ¿Quiénes son los criminales en este caso? ¿El que como un bandido viene a oscuras a envenenar las plantas o quién cuida la tierra y las siembra a luz del día? Mis vecinos más cercanos también se entristecieron: “Es una lástima porque usted tiene buena mano”, lo sentí como un piropo en medio de la pena, la indignación y el dolor de la familia y los amigos que han ayudado a dar vida a ese espacio. Si aún extrañamos el papayuelo de la primera vez, imagínense lo que sentimos ahora.spm_a0350

A pesar de la tristeza y la impotencia frente a la muerte de estas plantas, escribir es una manera de construir dignidad cuando se ha perdido todo, esas plantas ya no existen, pero aún existimos todos. Así que me quedan dos cosas: 1. El ánimo de Brayan y las palabras de Alex: “El sudor de la frente y el callo de las manos que las sembraron volverán a salir haciendo resistencia” y 2. La pregunta para usted señor lector: ¿Usted qué haría?

Familia Lara Martínez

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