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El miedo a la libertad

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Imagen tomada de http://www.chipscholz.com

 

Por: Daniel Alejandro Muñoz Rodríguez

 

¿Por qué será tan difícil para el ser humano aceptar al otro como su igual?

Durante la infancia y a medida que crecíamos, nuestra familia, el lugar en el que aprendemos normas de vida, nos enseñaban que debíamos aceptar al otro, tolerarlo, quererlo y tratarlo como nuestro igual, como nuestro hermano. Lo que en muchos casos no se enseña es que ese pensamiento tenía sus restricciones, por ejemplo, que no aplicaba para gente que pensara diferente, que tuviera distinta religión, que su estrato social o económico fuera diferente, que su raza fuese de otro color o que tuviera distintas preferencias sexuales a las nuestras.

 

Lo único que sabíamos era que en cierto punto algo estaba bien o estaba mal aún cuando no fuese así. Todo esto debido a que el ser humano se ha acostumbrado a vivir en un mundo material, de apariencias, mentiras y espejismos, tal vez porque vivimos en un mundo en el cual todos quieren tener la razón ¿Pero de dónde nace esta actitud, esta mentalidad, esta forma de ser? A veces pensamos que es algo ajeno a nosotros o que el ser humano desde siempre ha sido así.

 

Curiosamente muchas de estas actitudes intolerantes son inculcadas desde la misma familia sin darnos cuenta. Por eso, cuando no cumplimos con los patrones establecidos por ellos, serás el foco de sus críticas, el primero en ser enjuiciado y a quien le darán la espalda tan sólo por ser diferente. Entonces pensarás que lo mejor es callar, todo con tal de evitar ese rechazo, todo porque pensamos: Si nuestra familia, nuestra sangre, no nos apoya, entonces ¿quién lo hará?

 

Para evitar esta situación de rechazo comenzamos a escondernos, tanto de nosotros mismos como de los demás y empezamos a crear mascaras para poder vivir en paz o al menos intentarlo. Máscaras para mostrar ante el mundo, la sociedad, nuestra familia y ante nosotros mismos porque preferimos ser lo que otros esperan, porque se supone que eso es lo mejor, antes que ser lo que nosotros deseamos ser. Máscaras que usamos por miedo a que la gente descubra que somos diferentes, con las cuales nos vamos a mirar cada día frente al espejo intentando creer que lo que vemos es real, que somos como se supone se debe ser, hasta que llegue un punto en el cual ya no sabremos qué es verdad y qué no. Máscaras que se van a fundir en nuestro ser, que con el paso del tiempo no vamos a poder quitarnos por miedo a ver la realidad, máscaras frías y muertas como nosotros.

 

Empezaremos a adoptar actitudes falsas para poder ser aceptados, comportamientos negativos para con el otro, ese otro que es como nosotros, distinto, pero que a diferencia nuestra, decide no vivir su vida regida por el miedo, no vivir usando máscaras, sino que decide vivir siendo él mismo, sin importar qué pase, gente que por ese mismo valor que nosotros no tenemos, vamos a juzgar e intentar destruir. Porque es preferible matarnos entre nosotros mismos, antes que aceptar que una persona sea diferente. Porque en la vida podemos aceptar muchas cosas: que nos roben, que nos exploten, que nos pisoteen, que abusen de nosotros, que nos maten, y muchas cosas más, antes que aceptemos que una persona sea diferente a nosotros, aunque en el fondo es el reflejo de lo que no me atrevo a ser, porque al final es diferente a lo que la familia y la sociedad esperan.

 

¿Pero qué podemos hacer al respecto?

Si desde pequeños nos enseñaran el valor de la diferencia viviriamos sin tanto miedo. Ser diferente es natural, no es algo malo, ni algo que debe esconderse. Tal vez si nuestra familia nos aceptara realmente nosotros podríamos aprender a aceptarnos a nosotros mismos, así no tendríamos que callar lo que pensamos, sentimos o queremos por miedo al qué dirán, por miedo a ser reprimidos, no tendríamos miedo a ser diferentes, a tener gustos, pensamientos o preferencias particulares en cuanto a religión, pensamiento, sexualidad u orientación sexual. Tal vez eso nos ayudaría a ser más tolerantes con nosotros mismos, pero más importante con el otro, no juzgaríamos tanto sino conviviríamos mejor.

 

A veces la vida consiste en ceder, es sorprendente todo lo que puede pasar cuando rompemos los propios paradigmas. Se empieza a vivir más tranquilo, más alegre, más feliz, más abierto a lo que la vida o el destino nos pueda traer. La mejor arma que tenemos para poder vivir en paz, es quitarnos el miedo de encima. En vez de buscar un culpable o sufrir por ello, podemos ocupar nuestra atención y tiempo en decidir quitarnos la máscara para dejar de mentirnos, mostrarnos tal cual somos. Podríamos simplemente intentar empezar a ser felices y poder vivir en paz con nosotros mismos, para que así, en algún momento, podamos vivir en paz con el otro.

 

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