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El lenguaje como creador de realidades y destructor de fantasías

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Foto: Freddy Blanco – Maquillaje: Laura Blanco

Por Daniel Mauricio Sarmiento Galviz 

El lenguaje, es la capacidad del ser humano de transformar pensamientos y sentimientos, generados por una serie de impulsos nerviosos en sonidos y trazos; los cuales asociamos a un código lingüístico para así comunicarnos. Sin embargo, la función principal del lenguaje, que es transmitir de la forma más detallada posible un pensamiento o una idea, se ha visto afectada por un afán en el que actualmente vivimos los seres humanos. Éste agotador y estresante estado nos obliga a manipular el lenguaje que a diario usamos, para erradicar todo lo que se oponga a nosotros a la hora de intentar alcanzar nuestra meta.

Imaginemos que existen dos comunidades, una aislada de la otra, cada una tiene una lengua completamente diferente. Ahora bien, en algún momento de nuestra historia las dos comunidades se ven en la necesidad de comunicarse entre ellas ¿cómo podrán comunicarse sin tener una lengua en común? respondiendo arbitrariamente a esta pregunta, diría que, para que se genere ésta comunicación en algún momento tiene que producirse una mezcla entre las dos lenguas, dando como resultado una tercera lengua, que estaría creando para las personas que ahora la conocen, una realidad nueva. De ésta forma es como a lo largo de nuestra historia se han ido creando las lenguas y los dialectos que ahora conocemos, ésta función del lenguaje es denominada: arbitrariedad del lenguaje, la cual prácticamente nos dice que las lenguas fueron creadas (como el mismo nombre lo indica) de forma arbitraria. Al ser la lengua creada de ésta manera, es muy propensa a recibir cambios drásticos o leves por simple capricho y también a ser manipulada para un beneficio personal, aquí es donde entran en juego los conceptos que ahora conocemos como “Verdad” y “Mentira”.

En el texto de Nietzsche, “Sobre verdad y mentira en sentido extramoral”, encontramos como tesis central la idea de que el hombre es quien define la verdad y la mentira, sin importar que ésta sea relativa a la persona. Nietzsche resalta que el método con el cual sobreviven los individuos más débiles es el intelecto. De ésta forma, podemos inferir que la persona que tenga a su favor la capacidad intelectual, tendrá la oportunidad de conservarse como individuo. Partiendo de ésta idea, el intelecto está directamente ligado al uso correcto del lenguaje, debido a que el individuo busca transmitir o alardear sobre el conocimiento que tiene y de igual manera, tuvo que aprender éste conocimiento por medio del lenguaje.

Desde que somos niños se nos enseña por parte de nuestros padres, que ante toda circunstancia debemos utilizar la verdad; verdad que el niño entiende como una descripción o narración detallada de los hechos sean cuales hayan sido. Es muy poco común que al niño (haciendo referencia a todas las figuras de primera infancia), se le eduque con un concepto claro de “verdad” y “mentira” para que él interiorice el trasfondo de estos dos conceptos. A medida que el niño va creciendo se va dando cuenta de que no siempre la “verdad” es la mejor opción.

Pensemos en un niño A y un niño B, cada uno de los niños juega en la sala de su casa y accidentalmente rompe un jarrón antiquísimo y bastante caro. Horas más tarde llega la mamá de cada uno, la reacción del niño A es decirle a su mamá que accidentalmente rompió el jarrón mientras jugaba en la sala, a lo que la madre reacciona, naturalmente, con enfado porque el niño no debería estar jugando en la sala y además, probablemente le aplique un castigo. El niño B opta por un camino diferente, le dice a su mamá que la ventana estaba abierta y que el viento había tumbado el jarrón que, por fortuna, él recogió para evitar que alguien se lastimara. Podríamos cuestionarnos sobre la inocencia de los niños y sobre el sentido de este famoso dicho “los niños y los ebrios siempre dicen la verdad”, pero sin duda los dos niños en nuestro ejemplo utilizaron el lenguaje para enfocarlo hacia diferentes caminos. El objetivo del niño A era decir a su madre la razón por la cual el jarrón estaba roto, esperando que no se enfadara mucho, cosa que no fue muy efectiva puesto que igual se enfadó y posiblemente lo castigó. El objetivo del niño B fue desde un principio evitar ese regaño y posible castigo a toda costa, entonces, aparte de inventar una nueva realidad creada prácticamente en segundos, convirtió su accidente en una buena obra resultando así, fuera de cualquier culpa.

Este arte de la ficción alcanza su máxima expresión en el hombre: aquí el engaño, la adulación, la mentira y el fraude, la murmuración, la hipocresía, el vivir del brillo ajeno, el enmascaramiento, el convencionalismo encubridor, el teatro ante los demás y ante uno mismo, en una palabra, el revoloteo incesante ante la llama de la vanidad es hasta tal punto la regla y la ley, que apenas hay nada más inconcebible que el hecho de que haya podido surgir entre los hombres un impulso sincero y puro hacia la verdad.  (Nietzsche, 1873,3).   

Es triste pensar, que desde una edad tan temprana se puede empezar a utilizar el lenguaje con el fin de la manipulación y la mentira, sin embargo, en mi interpretación de Nietzsche, el lenguaje es en sí mismo una mentira, la cual nosotros estipulamos como verdad absoluta. Al definir todas las cosas que nos rodean, en principio, de forma arbitraria, el hombre comete un atropello enorme a la realidad, tan sólo por la necesidad de nombrar las cosas y hacerlas, de algún modo, universales y más sencillas.

En éste punto, Nietzsche nos cuestiona de forma directa sobre el uso y la existencia del lenguaje que hoy en día conocemos. Si el lenguaje es la mejor forma de llegar a algún tipo de verdad, entonces ¿Porque hay diferentes códigos lingüísticos? ¿Cómo podemos llamarnos a todos personas por igual? ¿Somos acaso todos exactamente iguales? La fuerte crítica de Nietzsche hacia el lenguaje, se basa en que éste (al igual que la idea de “Dios”) fue creado por el hombre.

Éste gran conflicto que genera la “verdad” y la “mentira” en nuestras vidas, se ve aún más crítico cuando ya siendo un adulto adoptamos por completo estos discursos como medios defensivos. Como sociedad hemos incluso estipulado un sistema socio-político en el cual la “mentira” tiene un lugar, en muchas ocasiones, más importante que la “verdad”; algunas personas los llaman “vacíos legales” otras les dicen “trampas”, yo prefiero llamarlo una realidad basada en una mentira, que todos asumimos como verdad.

Si en este momento pensáramos en que no existen las leyes que fueron propuestas por los padres de la física ¿Cuántas cosas podríamos imaginarnos? ¿Cuántos de nosotros podríamos volar en nuestras mentes? Imaginando entre miles de fantasías diferentes formas posibles de hacerlas realidad, así es como millares de cosas que ahora conocemos existen. Algunas personas que sencillamente no pensaban como las demás, que se negaban a creer que las cosas eran como entonces los demás creían que eran, así la mayoría de ellos repudiados por la sociedad e incluso convertidos en mártires, revolucionaron la historia y la ciencia. Porque se negaron a creer en la verdad, que por medio de un lenguaje absoluto, se les planteaba como una verdad absoluta.

Los diferentes idiomas, reunidos y comparados unos a otros, muestran que con las palabras no se llega jamás a la verdad ni a una expresión adecuada, pues, de lo contrario, no habría tantos. (Nietzsche, 1873,5)

El papel que desarrolla el lenguaje a la hora de hablar de “verdad” y “mentira” es por sobremanera fundamental, puesto que, quien considera qué es correcto, o no, es el mismo hombre, a su vez el mismo creador de las lenguas.

El ser humano produce en promedio 20.000 palabras por día, dependiendo de la cantidad de tiempo libre que tenga ¿Cuántas realidades pueden llegar a crearse a partir de estas 20.000 palabras? Pensemos ahora ¿cuánto tiempo de nuestro día nos tomaría intentar dar un razonamiento lógico a cada una de las cosas que decimos? Es algo casi inimaginable, la manera más rápida de dar un razonamiento lógico a esto es el cuestionamiento y la duda. Tal vez no sea preciso dudar sobre cada cosa que pensamos, decimos o escuchamos, tal vez solo es cuestión de no hablar por hablar, de no contestar de una forma sistemática cada día, tal vez es cuestión de reformular nuestras respuestas, de replantear nuestras bases de conocimiento y preguntarnos ¿Por qué lo que considero bueno es bueno? ¿Por qué lo que considero malo es malo? ¿Por qué es preciso hacer lo que todos los días hago? En el momento en que identifiquemos y modifiquemos el papel del lenguaje en nuestra vida, en el momento que logremos optimizar todas las maravillas que el lenguaje nos brinda, entonces sabremos qué es verdad y qué es mentira.

 

“Más que por la fuerza, nos dominan por el engaño”

─Simón Bolívar

 

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 

  1. Nietzsche, Friedrich, “Sobre verdad y mentira en un sentido extramoral”, Los esenciales de la filosofía, México ,1873.
  2. Nietzsche, Friedrich, Humano demasiado humano, México, Editores Mexicanos Unidos ,1986.

 

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