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Borregos

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Por: Gabriela Merchan

Actualmente Las falsas promesas de los gobernadores limitan el desarrollo de la persona, la indiferencia de los cargos públicos ante las problemáticas es un factor clave para alimentar el desorden democrático con el que contamos, hay denuncias sin justicia, hay penas sin investigación, hay impunidad de primera y con todas las de la ley.
La rebelión es algo utópico dentro de lo que contemplamos en el marco político de Colombia, si un campesino decide protestar para defender sus derechos es eliminado por la derecha y por la izquierda del país a conveniencia de ambas partes, y para colmo de males la justicia y los encargados de impartirla tienen una venda de seda en los ojos que manipula la visión de la verdadera honradez, encontrando como culpable al campesino. Suplir la necesidad del titiritero que los maneja es el afán de sus vidas.

Somos un pueblo que se acostumbró a vivir en la desdicha. Ni los que tienen el “carácter” de justicieros están conformes con lo que la ley les imparte y trabajan como mulas para el beneficio de unos cuantos corruptos que se llenan la panza a punta de golosinas que llegan de la “nada”… ¡de los recursos que nos corresponden a TODOS como comunidad! Eso sí, la definición del concepto para las alimañas avaras es inaplicable sobre todo valor humano.

Si uno de estos políticos denuncia contra uno de los campesinos la justicia no demora en responder favorablemente al administrativo. Pasando por encima la investigación del caso y dando absoluta validez a la versión de la “victima”. Bajo cuerda se pasan unos míseros pesos que alivian el alma pobre del juez, pero esos pesos no se comparan con la tonelada de riqueza monetaria que posee el imbécil administrativo. Las vueltas de la justicia son un chanchullo enorme, en el que se enaltecen los de “primera” a costa de la penuria de los “medios y bajos”.

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