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¡A la hoguera la legalización!

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Por: Giovanna Ramírez.

Para nadie es un secreto que el país más feliz del mundo, vive en la edad media. En nuestro panorama nacional abundan los inquisidores. Quienes desearían mandar a más de uno a la hoguera. Cada cierto tiempo es necesario tener un chivo expiatorio, al cual condenar, a las llamas del infierno. No importa si los argumentos para quemarlo son reales o ficticios. Lo verdaderamente significativo es tener el placer de verlo arder. En el alma de nuestros inquisidores, no existe ninguna mala intención a la hora de ejecutar el acto. Al contrario, las motivaciones que los impulsan son de un orden sublime. Como salvaguardar la seguridad y los buenos principios de los colombianos.

Muchos han sido enviados a la candela. Pero otros, han tenido la fortuna de sobrevivir a las llamas, para seguir dando la pelea. Incomodando a los inquisidores y mostrándole a los colombianos las ventajas de que sea aceptado. A salido de una prematura muerte, la marihuana. Acompañada de un tema que es desagradable para muchos su legalización. Cuando un estado decide legalizar la marihuana, asume la responsabilidad de qué en su territorio se está consumiendo. Por ello el gobierno sería el encargado de controlar y regular el mercado. Permitiendo que el dinero que se destina a la lucha contra las drogas, sea utilizado en un beneficio practico para la población. Como por ejemplo la educación, o la defensa de nuestros paramos y animales sin hogar, o muchos otros problemas que aquejan de verdad a los colombianos.

En este país este debate ha sido arduo. Muchos conservadores retrógrados (por no decir la mayoría), no permiten que se evalúen las ventajas que tendría para la nación, cambiar sus políticas de represión ante la mata que no mata. Según un estudio de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), la marihuana genera menores niveles de adicción que el alcohol y el tabaco. Estos productos que son considerados legales, son la causa de al menos 80.000 muertes anuales en el continente americano. Como la historia se tiende a repetir, la satanización que vive hoy en día la marihuana, es similar a la vivió el alcohol en los años 20 en Estados Unidos. Se sabe de antemano que la prohibición le facilito a varios gánsteres, controlar la producción y la distribución del alcohol. Por ello fue necesario que el estado tomara las riendas de la producción de esta bebida. Definitivamente cuando el enemigo es muy fuerte lo mejor es unirse a él.

Aunque no se puede decir que en esta batalla todo este perdido. El año pasado Colombia le abrió las puertas a la legalización, producción y venta de marihuana para uso medicinales. Esto les permite a los pacientes que padecen enfermedades crónicas, como la artritis el VIH y el cáncer, mejorar sus condiciones de vida. Al igual que les respetan su capacidad de decidir, que analgésicos quieren utilizar para el tratamiento de sus enfermedades. Mi llamado es para que dejemos de satanizar está hoja, por el simple hecho de que es ilegal. Cada persona tiene derecho a elegir como quiere llevar su vida, incluyendo lo que quiere utilizar o consumir. Como no se puede tapar un sol con un dedo, es imposible que neguemos que muchos jóvenes se fuman un porro al día. Pero ello no los hace ni drogadictos ni merecedores de la hoguera. Es su decisión acerca de lo que quieren hacer con su cuerpo. Lo mejor en vez de reprender, es educar. Dejemos los prejuicios a un lado y replanteemos la posibilidad de legalizarla. Teniendo en cuenta que se tendría la posibilidad de acabar con las redes de micro tráfico, que se crean alrededor de ella. Así se pueden impulsar campañas educativas, que nos hablen de las ventajas y las desventajas de consumirla. Al final cada uno es él el que decide lo que quiere o no quiere hacer. Sin importar si es legal o ilegal, si se quemara, o sobrevira a las llamas de los inquisidores.

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