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Las novelas, manipulación con cara de arte.

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Por:  Angie Valentina Silvestre

La novela, es una narración completa que se encarga de mostrar historias, teniendo como uno de los principales objetivos, producir en el receptor una gran cantidad de sensaciones, que van despertando una fuerte atracción e interés de éste para leerlas, escucharlas o verlas.

Con el tiempo, las novelas se han llevado a medios masivos de comunicación como los son la radio o la televisión, en donde cada vez más, las emisiones de sus contenidos llegan a mayor público.

Las novelas cuentan historias que reflejan la vida del hombre, tratando temas sobre las situaciones o distintas sensaciones que conforman su diario vivir como lo son los quehaceres u obligaciones, la felicidad, la necesidad, la pobreza, la riqueza, las ilusiones, los deseos, el amor, la alegría, la tristeza, los errores, los obstáculos grandes y pequeños para que éste logre conseguir lo que quiere.

Aunque esas historias estén cargadas de éstos rasgos que se relacionan con la realidad, son obras ficticias, al ser creadas por un escritor que a pesar de que coloque en ellas y en sus personajes, personalidades, actitudes, comportamientos y sucesos que abstrae de lo que observa a su alrededor, coloca y en un mayor grado, situaciones y comportamientos que nacen de su imaginación.

Cuando las personas ven sus contenidos, comienzan a sentirse leve o fuertemente identificadas con esas situaciones al compararlas con sus vidas. Esto produce que la atención de las personas se concentre en todo lo que ocurre en las historias, que éstas dejen acceder a sus cerebros que son tan vulnerables, cuanta información haya, y cuando cometen el grave error de no reflexionar sobre lo que ven, dan paso para que sus mentes comiencen a confundirse y a mezclar lo que es ficción con la realidad. Es aquí donde las personas comienzan a vivir en una fantasía al creer que todo aquello que ven y escuchan, es la manera correcta en que se debe pensar, actuar, vivir y no son conscientes de la gravedad que hay en la distancia que van creando sus mentes entre ellos mismos y su realidad.

Cuando esto sucede, las personas comienzan a adoptar ideologías, pensamientos, y, consciente e inconscientemente tienden a imitar comportamientos desde modos de hablar, de actuar consigo mismo y con los demás, de vestir, de comer, de pensar. Al observar este fenómeno que nace de la tendencia al gusto por el sensacionalismo y el morbo del ser humano que no cualifica sus emociones y su experiencia de vida hacia un pensamiento crítico o su bienestar. Es allí cuando aquellos que manejan el poder económico, político y social de cada país, han ido convirtiendo este fenómeno mediático en un mecanismo para seguir controlando a la sociedad de consumo.

Por tal razón en las novelas aparecen contenidos con niveles cada vez más altos de violencia en todos los sentidos, de poca educación cultural, de poca educación sexual y el público que lo ve y sigue sin reflexionar, cada vez es más grande. Estos contenidos, además de implantarnos ideologías y estilos de vida, nos incitan a colocar nuestra atención en situaciones y actitudes que no redundan en beneficio para nuestro pensamiento o para transformar la sociedad en general.

Poco a poco adquirimos los valores con que funciona nuestra sociedad de los medios, entonces: si no posees suficiente dinero no eres nadie o tu cuerpo debe responder al prototipo de los medios. Todo ello te hace acreedor a cariño, admiración o fama, así sea pasajera. No puedes ser tu mismo, debes obedecer a los manuales de la sociedad de consumo. Para ello debes siempre obedecer, callar ante lo que un gobierno diga, funcionar según las normas establecidas, así estén en contra de la vida, tu vida no la decides tu, la decide el sistema y tu adaptación a él te mostrará como una persona culta o un buen ciudadano.

Además de este daño psicológico, en donde la realidad es superada por la ficción de los modelos implantados; también se han ido encargando de dañar la vida emocional de las personas, ya que sus fuertes contenidos guardan en sí una especie de mensaje subliminal que tiene el efecto de alterar personalidades haciendo que los televidentes se conviertan en seres más violentos, en donde la agresividad física y psicológica va creciendo entre unos y otros.

Cada vez hay más tendencia a la violencia en nuestras sociedades gracias a los valores que nos transmiten estos medios. Cada vez hay más injusticias, más robos, asesinatos y suicidios. Terminamos siendo una sociedad individualista que piensa solamente en el beneficio propio, que olvida lo que significa solidaridad; en donde se adopta la arrogancia y la superioridad de sentirse mucho más valioso que los demás o inferior a ellos, no diferente. De esta forma somos infelices, nos cuesta trabajo amar en libertad y perdemos la autoestima al no sentirnos bien con nosotros mismos o con la vida que tenemos. Ante este fenómeno somos víctimas todos: niños, jóvenes y adultos.

Llegamos al patetismo de preocuparnos más por las vidas de los actores de novela que por lo que podemos hacer por nosotros mismos, llegamos a un punto crítico en el que la problemática social desde la manera en cómo nos gobiernan, en cómo nos controlan, en cómo nos roban, en cómo se cometen tantas injusticias, ya no hace parte de las cosas que necesitan de nuestra atención.

Es algo terrible ver como aquellos que manejan este sistema de vida mundial son capaces de meterse a degradar al arte y de hacer tanto daño psicológico a toda una humanidad, con el único fin de enriquecer cada vez más sus bolsillos.

 

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