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ESTO NO ES MI CULPA

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ESTO NO ES MI CULPA

Sobre el derecho a abusar de la condición de género

Por Paula Andrea Flórez Rico.

¡Uy Hola mami!, ¡Adiós biscocho! ¡Mamacita! ¡Uy pero qué linda estás! ¡Qué piernas! ¡¿No tienes frio vestidita así?!… Estas son sólo algunas de las expresiones que oigo a diario cuando voy caminando por la calle, y el acoso no se queda únicamente en palabras, se extiende a miradas, invasión del espacio personal incluso en manoseadas. En una ocasión iba en Transmilenio y este iba llenísimo (como de costumbre) y al hacer una de sus respectivas paradas mucha gente se bajó, yo me corrí para dar espacio cuando de repente sentí que alguien me agarró la cadera y progresivamente fue subiendo sus manos a mi cintura hasta rodearme completamente con sus brazos, no le vi el rostro pero desesperada musité un ‘¡Maldito suélteme!’ Y lo empujé, éste soltó una risita burlona y susurró un ‘mamacita’ y se bajó del articulado.

El día estaba soleado, mis hombros se merecían un poco de esa luz, así que decidí ponerme la blusa color crema de tiras delgadas que deja al aire mis hombros y mi pecho. Antes de salir fui a despedirme de mi papá, al darme vuelta luego de haberle dado un beso en la mejilla me detuvo y me dijo: “Vas para el Centro, no deberías ir así”, señaló la blusa. Le sonreí diciéndole, “Está soleadísimo el día, tengo que aprovechar para darme un bañito de sol.” Me miró de nuevo y dijo: “Pero es que vas solita y el centro es pesado, tú lo sabes… ojalá pudieras salir así vestida tranquila, pero es mejor no dar papaya.” Me reí y le dije: “Vaya al centro o vaya a la esquina me van a mirar, vaya tapada o desnuda me van a mirar. El problema no es mi ropa, es el machisismo. Y si te hago caso y me tapo y no doy papaya como tú dices, les daré la razón a los que piensan que son dueños de mi cuerpo y que pueden decirme lo que quieran. Así que no me perderé la oportunidad de tomar un poco el sol únicamente por eso.” Quedó frio ante mis palabras y me dio un beso en la frente.

Al salir de casa me quedaron retumbando las palabras de mi papá en la cabeza: ‘Pero es que vas solita…’ Entonces vino a mi memoria el caso de las dos turistas argentinas, Marina Menegazzo y María José Coni, dos mochileras de 21 y 22 años que fueron asesinadas a palo y cuchillo mientras viajaban por Ecuador, cerca de Guayaquil. Desaparecieron el 22 de febrero y el 28 de ese mes encontraron sus cuerpos sin vida y ultrajados. Y sólo dicen “Es que viajaban solas”. Claro ya entiendo perfectamente que es mi culpa que me acosen, que me violen, que me asesinen porque andaba sola, porque iba vestida así, porque di papaya. A ellas nadie ni nada les devuelve la vida y los comentarios como: ‘Terrible, pero quién las manda ir solas’, ‘Pero es que son mujeres y se ponen a dar papaya’ sólo les quita la dignidad a sus vidas que les fueron arrebatadas en un acto de misoginia.

Todas estas situaciones y palabras me bombardeaban y no dejaba atrás tan atroz suceso. Seguí mi camino hacia mi destino, entré a la estación y tomé un articulado (llenísimo como de costumbre) y al estar dentro sentí que alguien me miraba, su mirada no me intimidaba sólo me indignaba, no le vi el rostro, sin embargo si fui víctima de su acoso. Aprovechó el hacinamiento del bus para agarrarme la cadera, y decirme ‘mamacita’. Al bajarse me dejó una sensación de miedo y rabia, no entendía qué acababa de pasar. Así como no entendía por qué a Marina y a María las habían matado.

Me propuse contar las veces que me sintiera acosada… perdí la cuenta, pistpeos, miradas, piropos, picadas de ojo, picos. ¿Qué hacer? En verdad quería tomar el sol, así como ellas sólo querían viajar. ¿Y si respondía?… pero todas esas groserías son sexistas, hijueputa, malparido, y si no son especistas, cerdo, perro, rata… No podía seguir aguantando que se crean con esa capacidad de invadirme. ¡Maldito! Respondo, y se ponía muy colorado, ¡bobo pendejo! Y avergonzado bajaba la mirada. En verdad me trajo calma responder, evidentemente no faltaba el que o la que me mira mal porque responder con insultos un piropo pues no es damas. Así como no faltaron los que culparon a Marina y María porque las asesinaron. Como si a mí me interesara ser una dama, como si a ellas les interesara viajar con un hombre para sentirse protegidas. Mi interés es que un día pueda salir a la calle totalmente segura de que no me sentiré acosada, de que ninguna de nosotras se sentirá acosada. Mientras eso pasa me empodero de mi cuerpo y me visto como quiera, y voy a dónde quiera, denunciando cualquier acoso con mi respuesta, demostrando que yo no soy la que está mal, que María y Marina no estaban mal, que ninguna de nosotras está mal.

 

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